sábado, 1 de octubre de 2016

Coste de oportunidad


Quizás éste sea el término más importante del que nunca nadie ha oído hablar y, sin embargo, determina la mayoría de las acciones que hacemos.
El coste o costo de oportunidad no es más que aquello que renunciamos cuando tomamos una decisión. Los seres humanos nos enfrentamos a disyuntivas (tenemos que elegir entre A o B), por tanto, escoger una opción implica renunciar implícitamente a la otra.

Por ejemplo: las horas que dedicas a trabajar, las podrías dedicar a dormir, a estudiar, al ocio, etc. Sin embargo, ¿por qué decides ir a trabajar en vez de estudiar o no hacer nada? Simple, porque evalúas los beneficios o el valor que te aportará hacer una cosa en comparación con otra. Si trabajar te aporta un mayor valor que ir a estudiar, escogerás ir a trabajar en vez de ir a estudiar y viceversa.

El coste de oportunidad no solo interfiere en nuestras decisiones personales sino también en aquellas de carácter más económico. Si tienes un presupuesto limitado de, por ejemplo, 5$ y, tienes que elegir entre comprar un bocadillo o comprar una pizza, decantarte por una u otra, implicará renunciar a la que no has elegido. La cuestión es que decidas lo que decidas, siempre tendrás un coste de oportunidad. Se trata entonces de elegir aquellas opciones en las cuales podamos sacar la mayor rentabilidad posible (que esperamos conseguir).

También podemos ver como interfiere el costo de oportunidad en las decisiones que se toman desde las empresas (al pedir o no financiación, dependiendo de la rentabilidad que esperan obtener) o en la política económica de un país (al evaluar las consecuencias que tendrán las mismas y si éstas serán mayores que los costos sociales, etc.) Como pueden observar, el coste de oportunidad está plagado de subjetividad y juicios de valor, ya que las decisiones (ya sea en el ámbito privado o público) son tomadas por agentes individuales que, como no podría ser de otra manera, poseen una determinada ideología y, por tanto, perseguirán unos objetivos u otros en función de.


Las necesidades de los seres humanos son ilimitadas pero los recursos son limitados. Si los recursos no lo fueran, el coste de oportunidad no tendría sentido alguno. Por ello, a la hora de valorarlo es muy importante tener claro los objetivos que se pretenden maximizar y el valor que tiene (para nosotros) aquello a que renunciamos o, en otras palabras, aquello que ‘’dejamos de ganar’’.

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