domingo, 23 de junio de 2019

¿Eres economista o simplemente tienes la carrera de Economía?


Primero de todo, ¿qué entendemos por un “economista”?

La RAE nos proporciona las siguientes dos (previsibles) definiciones:

1. Titulado en economía.
2. Persona dedicada profesionalmente a la economía.

Entonces, ¿qué es la economía? Según la misma fuente:

1. Administración eficaz y razonable de los bienes.
2. Conjunto de bienes y actividades que integran la riqueza de una colectividad o un individuo.
3. Ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos.

Aunque éstas sean, bajo mi criterio, las definiciones más relevantes, es la tercera la que mejor define lo que es la Economía. Y no porque lo diga yo:

El origen etimológico de la palabra Economía viene del griego Oikos-nomos. Que significaría algo así como, “la administración del hogar o de la casa”.

Por tanto, la Economía, en principio, no sería más que una herramienta, un medio, para alcanzar un fin: satisfacer necesidades humanas ilimitadas con recursos escasos de la manera más eficiente posible.

Más de un lector a estas alturas se habrá percatado que la definición de Economía es perfectamente aplicable a otras disciplinas humanas. Todas las demás se nutren, al menos en parte, de alguna de las siguientes acepciones de la Economía:

1. “satisfacer necesidades humanas”
2. “con/mediante algo”
3. “hacerlo de una manera eficiente/productiva, de la mejor manera posible”

Es por ello que siempre he pensado que la Economía lo es todo. Que está en todo. Que influye en todo.

Después de esta brevísima e incompleta introducción de lo que es la Economía y de lo que, a grandes rasgos, persigue, ya puedo pasar a explicar la siguiente reflexión.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El nuevo capital humano


Estamos en una encrucijada. Hoy en día la educación tradicional está cuestionada. Y no es para menos. Tus hijos ya no quieren ir a la universidad para ser médicos o abogados. Ellos quieren ser “Youtubers” o “Blogueros”.

Saben, a diferencia de ti, que esta gente se está ganando la vida. Y muy bien. Muchos de estos Youtubers, Blogueros o Instagramers (a partir de ahora los llamaremos “influencers” para simplificar), no tienen un título universitario y, sin embargo, ganan mucho más dinero que cualquier graduado.

Tus hijos que crecieron con la tablet bajo el brazo (como se suele decir), son nativos digitales. Saben mucho más del tema que tú. Es por ello que saben, aunque a ti te cueste creerlo, que es posible ganar dinero haciendo videos de gameplays (grabarse jugando) o teniendo muchos followers (seguidores) en Instagram, por ejemplo: promocionando productos de una marca en su perfil (debido al potencial de clientes que suponen esos followers para la marca).

Posible es. El problema es que lo ven fácil y asequible cuando no lo es. Esto es por culpa de los llamados influencers. Aquellas personas que sí que han tenido éxito. Pero, ¿cuántos Rubius hay?

Como ya sabes, los jóvenes son influenciables. Y mucho. El problema viene cuando tus hijos se plantean seriamente ser también los influencers del futuro y dejar de estudiar. Ante esto tú sabes que el mercado laboral está más crudo y difícil que nunca por lo que has oído en las noticias acerca de la destrucción de puestos de trabajo que habrá en el futuro debido a la mecanización de los mismos.

Y he aquí el gran dilema que tenemos entre las manos. ¿Cómo convencer a toda una generación de que sigan estudiando cuando los influencers tienen más influencia (valga la redundancia) que los propios padres o profesores?

¿Cómo explicarles de que si no lo hacen se quedarán fuera del mercado laboral, debido a que no podrán competir en igualdad de condiciones con un universitario?

¿Qué sentido tendrá la vida de estos chicos cuando se den cuenta que no tienen el éxito o el impacto en el mundo (lo que sea que eso signifique) que creían que tendrían, y que ahora se encuentran fuera del mercado laboral y del sistema? Y, ¿qué peligros para la sociedad supondrá esto?

Tenemos un gran reto por delante: dibujar el modelo de sociedad que queremos para los próximos 50 años. Y este modelo empieza por la base, la educación.


Al igual que pasó con los chicos que dejaron de estudiar en el boom de la construcción. Los nuevos millennials se encontrarán con la misma disyuntiva de si seguir estudiando o no.

domingo, 9 de octubre de 2016

El sentido de la vida en la 4º Revolución Industrial


No estamos en una época de cambios. Estamos en un cambio de época”, así resumiría todo lo que a continuación les voy a explicar/contar.

Pero primero de todo, ¿qué es esto de la 4º Revolución Industrial?

La Industria 4.0 (o la 4º Rev. Industrial) es tan solo una idea para definir el cambio de tendencia en el modo de organizar los medios de producción, enfatizado y acentuado en la idea de una creciente digitalización y coordinación cooperativa.

Con la Primera Revolución Industrial vino el desarrollo de la máquina de vapor y de la mecanización (segunda mitad del siglo XVIII) que, como todos ustedes ya saben, comportó la emigración masiva (éxodo rural) del campo a la ciudad; la Segunda Rev.Ind. trajo el desarrollo de la electricidad (finales siglo XIX); y con la Tercera, la automatización (siglo XX).

En esta nueva etapa (4º Rev. Ind.), la transformación industrial estará sustentada en la llamada fábrica inteligente (Smart-factories: mayor adaptabilidad a necesidades y a procesos de producción y asignación más eficiente de los recursos, gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías) y en el internet de las cosas (Internet of things: interconexión digital de objetos cotidianos con internet.)

Como pueden suponer, este cambio en el modo organizativo y productivo de la industria comportará (también) una serie de cambios en todos los ámbitos de nuestra vida, al igual que pasó con  las anteriores revoluciones. No obstante, en esta ocasión quizá el cambio sea mucho más significativo. A continuación les voy a explicar el porqué.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La gran mentira del dinero


¿Qué pasaría si te dijera que cerca del 90% del dinero en circulación no existe? ¿Me creerías? ¿Me tacharías de conspiranoico? Antes de que me juzgues, déjame explicarme:
De todo el dinero físico/tangible que hay en circulación alrededor del globo solo existe un 10%, es decir, el restante (90%) son meros apuntes contables.

Dicho de otra manera, solo un 10% del dinero mundial se puede contar a través de billetes o, en su defecto, monedas. El resto es dinero ficticio, derechos de cobro (activos) en un bloc de notas o en un programa informático.

No, no me he vuelto loco, me baso en un instrumento que utilizan los bancos llamado ‘’coeficiente de caja’’, con el cual, se les permite (legalmente) solo mantener en forma de reservas líquidas el 2% del dinero. El otro 98% (del dinero que ingresamos en el banco) lo utilizan para invertir en negocios o bien para conceder nuevos créditos/préstamos. (Muchos os estaréis preguntando entonces porque he puesto que es un 90% el dinero ficticio y no un 98% siguiendo con la lógica del coeficiente de caja. Bien, es porque he hecho una media ponderada, ya que el coeficiente de caja establecido depende de la zona, región o continente.)

lunes, 3 de agosto de 2015

El árbol feo que no servía para nada



Hace mucho tiempo había un señor con mucho dinero, muy rico, que vivía cerca del desierto. Tenía casas y mansiones pero todas estaban por el desierto. Después de haber hecho tanto dinero, un día dijo que quería algo nuevo. Y empezó a buscar algo diferente, un nuevo estilo de vida. Entonces comenzó a viajar, a ver lugares nuevos. Pasó un tiempo y no encontraba lo que quería, hasta que un día llego a un campo muy hermoso donde no había casi nada de árboles, había mucho sol y pasto. Solo había dos árboles que eran muy peculiares. Eran muy altos. Eran del tamaño prácticamente de edificios.

La diferencia de estos dos árboles a pesar de estar juntos y ser igual de altos es que uno era muy grueso, frondoso, muy verdoso, donde no pasaba ni la luz, ni el viento, ni el agua a través de lo que abarcaba ese árbol. El otro árbol, no obstante, no era frondoso, tenía menos ramas y era un poco más delgado.

El señor estuvo analizando, estuvo viendo la zona, y dijo que ese era el lugar perfecto, quería construir ahí su nuevo hogar. Entonces empieza a hacer sus planes para construir su nueva mansión y un día se percata de que los dos árboles le están observando mientras tanto. El señor estaba haciendo sus cálculos. Los dos árboles le escuchan decir: ¿dónde quedará mejor mi casa, en este lado o en el otro? En ese momento, el árbol más delgado comienza a sentirse mal, ya que se imaginaba que la iba a poner en el lado de su amigo, porque él no tiene ramas, no le puede proteger de los rayos de sol, ni de la lluvia, ni del viento, tan bien como lo hacía el otro árbol.

jueves, 30 de julio de 2015

Genio en 21 días, la gran estafa


Hace unas semanas atrás me paró una chica por la calle para mostrarme su producto, era una conferencia gratuita llamada ‘’Genio en 21 días’’. Yo, como no tenía prisa, la escuché.

Bien, para convencerme de ir a la conferencia/charla me hizo una demostración de lo que podía conseguir con el curso (el producto que ofrecía).
Me dijo que le dijese un número de 20 dígitos (los que yo quisiera) mientras los apuntaba en un papel. Luego me pregunto que cuánto tiempo tardaría en memorizar dicho dígito y si sería capaz de recordarlo por varios días.
Le respondí que en torno a cinco minutos (exagerando) y que quizás lo recordaría por algunos días. Pues bien, ella me pidió que cronometrase cuánto tiempo tardaba en memorizarlo, lo hice y, en cuarenta y cinco segundos ya se lo sabía de arriba a abajo.

Obviamente me quedé sorprendido y me dijo que eso también lo podría conseguir yo con el curso y que el haberlo hecho le había cambiado su vida y que ahora se lo recomendaba a todo el mundo. Le pregunté por el precio del curso y no me lo quiso decir, se inventó una excusa y se zafó rápidamente de la cuestión.

Finalmente, después de un rato de conversa, accedí a asistir a la reunión/charla/conferencia que se celebraba esa misma tarde, ya que no perdía nada por asistir.

Fui con mi madre. Buscando la dirección, nos percatamos de un par de chicos y chicas que nos miraban a lo lejos y nos hacían señales de que fuéramos hacia ellos. Nos acercamos y todos nos recibieron muy amablemente, como si nos conocieran de toda la vida. Todos se nos acercaban y querían saber acerca de nosotros. Era una situación un tanto incómoda.

Llegados a este punto, nos metieron en una sala en donde se daría paso a la conferencia.  Antes de eso, nos repartieron a cada uno de los asistentes un montón de hojas (tipo cuadernillo) en donde salían las opiniones de gente que supuestamente había hecho el curso y, por supuesto, todas eran buenas.
El conferenciante era una de las personas que previamente nos estuvo preguntando cosas, bueno, de hecho, más adelante aparecerán en escena todos nuestros simpatiquísimos amigos.

Lo primero que hizo es darnos una breve teoría de cómo funciona la memoria, resumido en dos puntos:

miércoles, 29 de julio de 2015

Análisis del libro ‘’Padre Rico, Padre Pobre’’ (Robert Kiyosaki)

No soy un asiduo lector, he de reconocerlo. De hecho, hay pocos libros que los haya leído con ahínco, motivación y ganas. No obstante, con ‘’Padre Rico, Padre Pobre’’ esto no me ha sucedido. Este libro ha cambiado la visión que tenía acerca del dinero y me ha abierto muchísimo la mente (financieramente hablando).

Sin más preámbulos, el libro trata de dos contraposiciones acerca de la idea del dinero, personificadas en dos personajes (valga la redundancia): un padre ‘’rico’’ y un padre ‘’pobre’’.

Según cuenta Kiyosaki en su libro, él tuvo dos padres. Su padre ‘’pobre’’ es su padre biológico; su padre ‘’rico’’ es el padre de su amigo (lo llama padre rico por lo que piensa éste acerca del dinero y por el aprecio que le tiene, de ahí lo de ‘’padre’’).


El libro está narrado en primera persona por el propio autor y cuenta como desde su niñez el hecho de tener ‘’dos padres’’ le dio dos puntos de vista acerca del dinero.

Por ejemplo, mientras su padre pobre le decía que estudie mucho y que saque las máximas calificaciones posibles para que en un futuro tenga un buen trabajo, su padre rico le decía lo mismo, no obstante el planteamiento era distinto, ya que éste le instaba a que estudie pero no para conseguir un buen empleo, sino para que pueda comprar esa empresa.



El autor define a su padre biológico como pobre, no precisamente por falta de dinero, al contrario, era un hombre que trabajaba para el gobierno y ganaba muy bien. Sino por la idea que éste tenía acerca del dinero: