Bien, para convencerme de ir a la conferencia/charla me
hizo una demostración de lo que podía conseguir con el curso (el producto que
ofrecía).
Me dijo que le dijese un número de 20 dígitos (los que yo
quisiera) mientras los apuntaba en un papel. Luego me pregunto que cuánto
tiempo tardaría en memorizar dicho dígito y si sería capaz de recordarlo por
varios días.
Le respondí que en torno a cinco minutos (exagerando) y que
quizás lo recordaría por algunos días. Pues bien, ella me pidió que
cronometrase cuánto tiempo tardaba en memorizarlo, lo hice y, en cuarenta y
cinco segundos ya se lo sabía de arriba a abajo.
Obviamente me quedé sorprendido y me dijo que eso también
lo podría conseguir yo con el curso y que el haberlo hecho le había cambiado su
vida y que ahora se lo recomendaba a todo el mundo. Le pregunté por el precio
del curso y no me lo quiso decir, se inventó una excusa y se zafó rápidamente
de la cuestión.
Finalmente, después de un rato de conversa, accedí a
asistir a la reunión/charla/conferencia que se celebraba esa misma tarde, ya
que no perdía nada por asistir.
Fui con mi madre. Buscando la dirección, nos percatamos de
un par de chicos y chicas que nos miraban a lo lejos y nos hacían señales de
que fuéramos hacia ellos. Nos acercamos y todos nos recibieron muy amablemente,
como si nos conocieran de toda la vida. Todos se nos acercaban y querían saber
acerca de nosotros. Era una situación un tanto incómoda.
Llegados a este punto, nos metieron en una sala en donde se
daría paso a la conferencia. Antes de
eso, nos repartieron a cada uno de los asistentes un montón de hojas (tipo
cuadernillo) en donde salían las opiniones de gente que supuestamente había
hecho el curso y, por supuesto, todas eran buenas.
El conferenciante era una de las personas que previamente
nos estuvo preguntando cosas, bueno, de hecho, más adelante aparecerán en
escena todos nuestros simpatiquísimos amigos.
Lo primero que hizo es darnos una breve teoría de cómo
funciona la memoria, resumido en dos puntos:



