lunes, 15 de agosto de 2016

Felicidad


Hablando la otra vez con mi primo, salió este tema de conversación. Mi primo sostenía que todos somos felices y que la infelicidad no es más que un concepto creado por la sociedad. Es decir, que el ser humano por el propio hecho de ser humano (valga la redundancia) era feliz, ya sea porque tiene vida, movimiento y/o facultad de razonar/pensar/reflexionar. Para él, el fin último de nuestra existencia no era conseguir la felicidad como decían los griegos, ya que, todos ya éramos de por si felices y que el hecho de perseguir esta falsa meta solo nos llevaría a la desdicha porque siempre pensaríamos que la felicidad era algo más, cuando en realidad ya todos éramos felices.

Puede que parezca una idea un poco simplista y superficial, pero creo que a lo que realmente se refería era a que el ser humano era ‘’feliz’’ en el estado/período donde aún no era ‘’civilizado’’, y en donde podríamos decir que era completamente ‘’libre’’, ya que no se encontraba arraigado por unas leyes y normas sociales desde su nacimiento. Si esto fuera así, estaríamos hablando de una estrecha relación positiva entre libertad-felicidad. A mayor libertad, mayor felicidad. Pero, ¿realmente esto es así?

Supongamos que consiguiéramos la libertad absoluta, ésta solo sería posible sin la intervención de un ente regulador (en forma de Estado, legislación, burocracia, o como quieran llamarlo) y sin normas sociales, en donde cada individuo pudiera hacer lo que quisiera y en donde sus actos no tendrían ningún tipo de sanción ni reprimenda social. Todo estaría aceptado y normalizado. ¿Seríamos felices así? O, al menos, ¿seríamos más felices de lo que podemos ser ahora? Si la respuesta es afirmativa, entonces estaríamos diciendo que seríamos felices viviendo como animales y no como personas sociales y civilizadas, como animales porque tampoco podríamos o querríamos reflexionar acerca de nuestros actos y en la repercusión que ellos podrían tener sobre los demás, solo nos guiaríamos por el principio de placer y de nuestros instintos más primarios. Entonces, ¿qué nos distinguiría de los animales?

martes, 2 de agosto de 2016

Un mundo sin espejos



¿Qué pasaría si no existieran los espejos? ¿Qué concepción tendríamos de nosotros mismos? ¿Cómo podríamos saber cómo somos físicamente? ¿Y, cómo influiría este hecho en nuestro comportamiento con nosotros mismos y con los demás?

Hoy en día, estamos plagados todos los días por un bombardeo masivo y constante de estímulos y estereotipos. Estereotipos o lo que está visto como ‘’normal’’ por la sociedad ha existido siempre, pero hoy, quizás se ven incrementados por el desarrollo tecnológico que ocupa gran parte de nuestra vida y experiencia social. Ante esta situación no es difícil que las personas caigan en los prejuicios prestablecidos por la sociedad y en la aceptación de ellos para no ser visto como un ‘’bicho raro’’.

Esta cuestión (la de los espejos), se me vino a la mente hace un par de días y me surgieron estas preguntas que ahora intentaré reflexionar con ustedes. En mi opinión, considero que, si no existieran los espejos, en los cuales uno pudiera verse reflejado, se evitarían algunos trastornos psicológicos como puede ser la anorexia, la bulimia, o el rechazo de uno mismo por no ser como la sociedad te dice que deberías ser. Sin embargo, aquí sale otro dilema, la visión que tendríamos de nosotros mismos dependería única y exclusivamente de lo que los demás nos dirían acerca de cómo somos (físicamente). Es decir, la opinión de la gente nos serviría como guía o dogma para poder saber cómo somos.