viernes, 30 de septiembre de 2016

La gran mentira del dinero


¿Qué pasaría si te dijera que cerca del 90% del dinero en circulación no existe? ¿Me creerías? ¿Me tacharías de conspiranoico? Antes de que me juzgues, déjame explicarme:
De todo el dinero físico/tangible que hay en circulación alrededor del globo solo existe un 10%, es decir, el restante (90%) son meros apuntes contables.

Dicho de otra manera, solo un 10% del dinero mundial se puede contar a través de billetes o, en su defecto, monedas. El resto es dinero ficticio, derechos de cobro (activos) en un bloc de notas o en un programa informático.

No, no me he vuelto loco, me baso en un instrumento que utilizan los bancos llamado ‘’coeficiente de caja’’, con el cual, se les permite (legalmente) solo mantener en forma de reservas líquidas el 2% del dinero. El otro 98% (del dinero que ingresamos en el banco) lo utilizan para invertir en negocios o bien para conceder nuevos créditos/préstamos. (Muchos os estaréis preguntando entonces porque he puesto que es un 90% el dinero ficticio y no un 98% siguiendo con la lógica del coeficiente de caja. Bien, es porque he hecho una media ponderada, ya que el coeficiente de caja establecido depende de la zona, región o continente.)

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Iphone (7) y los bienes giffen


En economía existen diferentes tipos de bienes: están los bienes normales, inferiores, sustitutivos, complementarios, y los bienes giffen, entre otros. Recibe este nombre en honor al economista y estadista británico Robert Giffen.

Un ‘’bien normal’’ es aquél bien que aumenta su demanda conforme aumenta nuestra renta. Es decir, si tenemos más poder adquisitivo decidimos consumir más de dicho bien. (Suponemos que los individuos siempre quieren más y no tienen punto de saciación, en jerga económica).

Un ‘’bien inferior’’, al contrario que un bien normal, es aquél que desciende su demanda conforme tenemos más renta. Un claro ejemplo es el transporte público. Al aumentar el ingreso, los individuos tenderían y/u optarían por comprar su propio vehículo.

La variación en la cantidad demandada de los dos primeros tipos de bienes dependen de la variación en la renta, no obstante, la variación en la demanda de los dos siguientes dependen de la variación en los precios.

jueves, 1 de septiembre de 2016

La Buena Suerte (Fernando Trías de Bes y Alex Rovira Celma)


La buena suerte es un best-seller de narrativa empresarial. Es una fábula en donde se desvelan las claves de la buena suerte y la prosperidad tanto para la vida personal como para los negocios.

El libro empieza con el encuentro de dos amigos que no se habían visto por muchos años: Víctor y David. Éstos, viejos ya, proceden a contarse mutuamente como les había ido en la vida:

Los padres de David habían heredado una inmensa fortuna de un pariente lejano, esta fue la razón por la cual se fueron del barrio sin decir nada a nadie y por la cual perdieron la comunicación. Una parte de esa fortuna era en forma de una gran empresa textil que daba muchos beneficios y que su padre había hecho crecer más aún. Al morir éste, él se tuvo que hacer cargo. Las decisiones que tomó o, mejor dicho, la omisión de decisiones lo llevaron a la bancarrota. El mercado iba cambiando y él no innovo en nada, porque creía que su producto era el mejor y que los clientes siempre iban a preferir el suyo. Craso error. Cuando tuvo que tomar las decisiones importantes no supo que hacer. Llegado a este punto, ya no tenía ganas de seguir hablando, así que le preguntó a su amigo como le había ido.

A Víctor, nuestro protagonista (ya que es el hombre quien le contará la fábula posteriormente a su amigo) le habían ido muy bien las cosas. Sin embargo, no lo tuvo fácil. Víctor, al contrario que David, venia de una familia mucho más pobre/humilde/precaria y tuvo que empezar a trabajar desde temprana edad (diez años) en un sinfín de quehaceres con tal de salir adelante. De hecho, a esa misma edad, tuvo que dejar la escuela ya que ni él ni sus padres podían pagarla. Conforme fueron pasando los años, pudo ir ahorrando una cierta cantidad de dinero, hasta que un día decidió comprar un taller (en donde se fabricaban bolsos) que estaba a punto de cerrar. Aquellos mismos bolsos que tantas veces había visto que portaban las señoras ricas por donde trabajó. Sabía lo que a aquellas señoras les gustaba. Solo tenía que fabricarlos conforme los había visto cuando trabaja como mozo. Se dio cuenta de que podía tener suerte, si se lo proponía. Trabajó durante mucho tiempo sin descanso, fines de semana incluidos, con el objetivo de ser la persona que más sabía de bolsos de piel en el mundo. Para ello, preguntaba a las señoras que les gustaba y que les disgustaba de su bolso; se iba de viaje a averiguar las nuevas tendencias de bolsos, etc. Lo que hiciera falta. Al final, consiguió recuperar el dinero invertido y creó un próspero negocio.

David no daba crédito a lo que oía y decía que quizás su amigo había tenido mucha ‘’suerte’’. ‘’La suerte sonríe a quien el destino caprichosamente escoge’’, afirmaba. Ante esto, Víctor le contestó que él no había heredado ninguna fortuna, pero sí algo mucho mejor de su abuelo, saber diferenciar la suerte de la Buena Suerte. Víctor prosiguió diciendo que cuando su familia (de David) había recibido la herencia, tuvo suerte. Pero esa suerte no depende de uno y, por ende, tampoco dura demasiado. Él, en cambio, se había dedicado a crear suerte. La suerte no depende de ti; la Buena Suerte, sí.

PRIMERA REGLA DE LA BUENA SUERTE: