lunes, 3 de agosto de 2015

El árbol feo que no servía para nada



Hace mucho tiempo había un señor con mucho dinero, muy rico, que vivía cerca del desierto. Tenía casas y mansiones pero todas estaban por el desierto. Después de haber hecho tanto dinero, un día dijo que quería algo nuevo. Y empezó a buscar algo diferente, un nuevo estilo de vida. Entonces comenzó a viajar, a ver lugares nuevos. Pasó un tiempo y no encontraba lo que quería, hasta que un día llego a un campo muy hermoso donde no había casi nada de árboles, había mucho sol y pasto. Solo había dos árboles que eran muy peculiares. Eran muy altos. Eran del tamaño prácticamente de edificios.

La diferencia de estos dos árboles a pesar de estar juntos y ser igual de altos es que uno era muy grueso, frondoso, muy verdoso, donde no pasaba ni la luz, ni el viento, ni el agua a través de lo que abarcaba ese árbol. El otro árbol, no obstante, no era frondoso, tenía menos ramas y era un poco más delgado.

El señor estuvo analizando, estuvo viendo la zona, y dijo que ese era el lugar perfecto, quería construir ahí su nuevo hogar. Entonces empieza a hacer sus planes para construir su nueva mansión y un día se percata de que los dos árboles le están observando mientras tanto. El señor estaba haciendo sus cálculos. Los dos árboles le escuchan decir: ¿dónde quedará mejor mi casa, en este lado o en el otro? En ese momento, el árbol más delgado comienza a sentirse mal, ya que se imaginaba que la iba a poner en el lado de su amigo, porque él no tiene ramas, no le puede proteger de los rayos de sol, ni de la lluvia, ni del viento, tan bien como lo hacía el otro árbol.

Empieza a construir su casa y un jardín. Construye su casa al lado del árbol frondoso, el cual le da bastante sombra. Un día el señor sale de su casa a disfrutar de la naturaleza y se da cuenta de que el árbol con menos ramas está triste y le pregunta que qué le sucedía. El árbol le responde que siempre ha sentido que es muy feo y que no sirve para nada y que él vino a reafirmar ese pensamiento, ya que eligió poner su casa al lado del árbol más bonito y frondoso. Pero se sentía mal por él mismo, no porque le tuviese envidia al otro árbol. Era lógico que el señor escogiera al otro árbol, ya que era más frondoso, fuerte, y lo protegería mejor.

El señor le contesta que no vino allí a buscar sombra, y que no sabía lo que estaba diciendo, se estaba equivocando. Él venia del desierto y tenía muchas mansiones y si hubiera querido sombra, se hubiera ido a un sitio donde hubieran cantidad de árboles como su amigo. Le preguntó al árbol que si no había visto el jardín que estaba enfrente de él. El señor era aficionado a los jardines y le cuenta que no está aquí por su amigo, si no por él. No se vino simplemente para tener una casa sino también para tener un bello jardín ya que en el desierto era imposible tener uno. Y gracias al árbol había cumplido su sueño, ya que éste le daba la cantidad correcta de viento, de agua, y de sol para poder mantener su jardín.

- ¡Eres perfecto! Yo estoy aquí por ti, no por tu amigo. Tú me das el ambiente perfecto para construir este inmenso jardín. Yo tengo aquí flores muy bellas pero sobretodo muy delicadas. La forma en que tú estás hecho permite que pasen los suficientes rayos de sol para alimentarlas pero no para quemarlas. Tú trasmites la cantidad correcta de agua para hidratar mis flores pero no para ahogarlas. Y dejas que pase la cantidad correcta de viento. Mis flores necesitan el viento pero no puede ser tan fuerte porque son muy delicadas. Tú estás viendo las virtudes que yo vi en ti, como una desventaja... si tú no estuvieras aquí, yo no hubiera puesto mi casa aquí. Yo lo que quería era tener un bello jardín y, ¡tú me has permitido hacer mi sueño realidad!



Anónimo


3 comentarios: