viernes, 30 de septiembre de 2016

La gran mentira del dinero


¿Qué pasaría si te dijera que cerca del 90% del dinero en circulación no existe? ¿Me creerías? ¿Me tacharías de conspiranoico? Antes de que me juzgues, déjame explicarme:
De todo el dinero físico/tangible que hay en circulación alrededor del globo solo existe un 10%, es decir, el restante (90%) son meros apuntes contables.

Dicho de otra manera, solo un 10% del dinero mundial se puede contar a través de billetes o, en su defecto, monedas. El resto es dinero ficticio, derechos de cobro (activos) en un bloc de notas o en un programa informático.

No, no me he vuelto loco, me baso en un instrumento que utilizan los bancos llamado ‘’coeficiente de caja’’, con el cual, se les permite (legalmente) solo mantener en forma de reservas líquidas el 2% del dinero. El otro 98% (del dinero que ingresamos en el banco) lo utilizan para invertir en negocios o bien para conceder nuevos créditos/préstamos. (Muchos os estaréis preguntando entonces porque he puesto que es un 90% el dinero ficticio y no un 98% siguiendo con la lógica del coeficiente de caja. Bien, es porque he hecho una media ponderada, ya que el coeficiente de caja establecido depende de la zona, región o continente.)

El banco crea dinero de la nada porque puede poner en funcionamiento (en circulación) más dinero del que realmente tiene. Si alguien va a un banco y deposita 10$, éste crea 90$ más sin contrapartida alguna gracias a la prerrogativa que tiene y que solo pueden hacer uso ellos.

¿Se imaginan qué pasaría si esta prerrogativa (coeficiente de caja) lo pudiesen usar los gobiernos? El Estado se podría financiar (casi en su totalidad) sin necesidad de recurrir coercitivamente a extraer dinero de los ciudadanos en forma de impuestos y en sus múltiples variantes. Se seguirían cobrando impuestos a los ciudadanos pero éstos serían mucho menores ya que ahora no harían falta tantos recursos para que el Estado se financie.

Con el dinero de los contribuyentes, una parte se usaría para ‘’gasto público’’ (cómo en forma de reserva legal o coeficiente de caja; en las ‘’cajas fuertes’’ del estado como en un banco) y la otra se invertiría y se prestaría a otras entidades. Con lo cual, una vez obtenida la rentabilidad de las inversiones, se podría devolver el dinero a los contribuyentes y además financiar todo el gasto público.

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