miércoles, 28 de diciembre de 2016

Papá olvida

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Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, -una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida-.
He entrado solo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo.
Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado.
Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con la mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!” y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “¡Ten erguidos los hombros!”

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Malditas externalidades


Una externalidad se produce cuando al consumir o producir un bien o servicio, se ven perjudicadas terceras personas. Existen dos tipos de externalidades: positivas y negativas.

Las positivas se producen cuando las acciones de un agente benefician o aumentan el bienestar de otros. Ejemplo: cuando una empresa hace innovaciones tecnológicas, las demás empresas del sector se aprovecharán también de este nuevo conocimiento.

No obstante, las negativas se producen cuando las acciones de alguien perjudican a otros. Por ejemplo: cuando alguien fuma en público, el exceso de ruidos en las calles, la contaminación lumínica, entre otros.

Me centraré sobre las externalidades negativas.

Para mí, una externalidad negativa es casi todo. Me explico:

Cuando te subes en un bus, y no hay asiento libre (por el hecho de que otra persona lo está utilizando), su uso, el uso que está haciendo esa persona sobre el mismo, te está perjudicando ya que tú ya no lo puedes usar. Y así con todo.

Siguiendo con el ejemplo del bus, la otra vez que iba en uno, se subió una persona al mismo y olía, apestaba más bien, a marihuana. El consumo que había hecho ese chico sobre el psicotrópico, perjudicaba a las personas a las que se acercaba, incluido yo, ya que el olor que transmitía era muy fuerte (y delataba que acababa de consumir tal sustancia). Yo me pregunto y he aquí la reflexión y por qué considero a la mayoría de cosas (“compartidas”) públicas y no tan públicas como una externalidad…

¿Qué culpa tenían las personas de su alrededor de aguantar semejante olor sin haber decidido consumir cannabis? Lo único que queda claro es que la decisión de consumo de ese individuo nos perjudicó a la mayoría (digo la mayoría y no todos, porque quizás había alguna persona en el bus que lejos de molestarle, disfrutaba de tal aroma).

Otra decisión en el consumo nos puede perjudicar y mucho más que el olor a tabaco (si no somos fumadores) o cannabis. Se trata del alcohol. ¿Alguna vez se han preguntado por qué el Estado pone multas a gente que va al volante en estado de embriaguez o hay impuestos especiales sobre el tabaco o el alcohol?

El estado hace esto de una manera paternalista, intentando desincentivar a que la gente vaya bebida al volante o consuma demasiado alcohol (por eso los impuestos). La externalidad aquí podría ser trágica si se mezcla el alcohol con la conducción, ya que hay mayor riesgo de accidente. Si la persona en cuestión se matara ella sola, no habría problema. El problema viene cuando puede matar a gente inocente, por el hecho de ir en estado de embriaguez.

Cambiemos de tercio, imagínate que postulas para la universidad y te quedas sin plaza debido a que hay alguien que tiene una nota más alta que tú. Aquí también hay una externalidad: el uso de una vacante por alguien, reduce la cantidad de vacantes disponibles y te acaba perjudicando.

Otro ejemplo, la envidia sobre el consumo de terceros también se podría calificar como una externalidad negativa. Si tu vecino se compra un coche mejor que el tuyo o una nueva casa o se va de viaje, tú para no ser menos, también querrás hacer lo mismo. Lo que te mueve es la envidia, la envidia sobre el consumo o el poder adquisitivo que puede hacer otra persona, lo cual, en última instancia, te lleva a consumir más también. No por necesidad, sino por envidia.


Por último y para ir acabando, el aire que respiras o el medio ambiente tampoco se salvan. Las empresas, al producir, contaminan el medio ambiente. Va ligado. No pueden producir sin contaminar, es incompatible. Producir algo no es más que transformar recursos en residuos. Y, como ya saben, si las empresas contaminan el medio ambiente nos afecta a todos. Por eso se ponen cuotas a la contaminación, y multas/sanciones por exceso de contaminación con el fin de, una vez más, desincentivar su uso (en este caso, desincentivar su producción: que las empresas produzcan menos y por tanto contaminen menos). 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Donald Trump y el Marketing Viral



Donald Trump será o, mejor dicho, ya es el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América.

Me imagino que te estarás preguntando (aún) como alguien con un discurso tan incendiario, intolerante, intransigente, autoritario, dictatorial, fanfarrón, despectivo, homófobo, sexista/machista, racista, etc; en definitiva, con un discurso tan “políticamente incorrecto”, haya podido convencer y atraer los votos de millones de estadounidenses y llegar a la Casa Blanca.

Es precisamente ésta, una de las principales razones por las que Trump ha llegado a la presidencia de los EEUU. Donald Trump es un hombre de negocios y ha demostrado durante toda la campaña ser mejor estratega que su rival, Hillary Clinton.

Las declaraciones fuera de tono de Trump han estado todas ellas premeditadas y estudiadas. Sabían que con ese discurso, Trump y su equipo de campaña estarían en boca de todos, en todos los rincones del mundo y, así ha sido.

El objetivo al final era que se hablara de Trump, para bien o para mal, pero que se hablara. Ante esto, Clinton y los medios (grandes cómplices por cierto de la Victoria del de Queens, NY), se han limitado a responder lo que éste decía. Trump ha sido el gran protagonista, ha sido el que en todo momento ha llevado el tempo de la campaña.

domingo, 9 de octubre de 2016

El sentido de la vida en la 4º Revolución Industrial


No estamos en una época de cambios. Estamos en un cambio de época”, así resumiría todo lo que a continuación les voy a explicar/contar.

Pero primero de todo, ¿qué es esto de la 4º Revolución Industrial?

La Industria 4.0 (o la 4º Rev. Industrial) es tan solo una idea para definir el cambio de tendencia en el modo de organizar los medios de producción, enfatizado y acentuado en la idea de una creciente digitalización y coordinación cooperativa.

Con la Primera Revolución Industrial vino el desarrollo de la máquina de vapor y de la mecanización (segunda mitad del siglo XVIII) que, como todos ustedes ya saben, comportó la emigración masiva (éxodo rural) del campo a la ciudad; la Segunda Rev.Ind. trajo el desarrollo de la electricidad (finales siglo XIX); y con la Tercera, la automatización (siglo XX).

En esta nueva etapa (4º Rev. Ind.), la transformación industrial estará sustentada en la llamada fábrica inteligente (Smart-factories: mayor adaptabilidad a necesidades y a procesos de producción y asignación más eficiente de los recursos, gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías) y en el internet de las cosas (Internet of things: interconexión digital de objetos cotidianos con internet.)

Como pueden suponer, este cambio en el modo organizativo y productivo de la industria comportará (también) una serie de cambios en todos los ámbitos de nuestra vida, al igual que pasó con  las anteriores revoluciones. No obstante, en esta ocasión quizá el cambio sea mucho más significativo. A continuación les voy a explicar el porqué.

sábado, 1 de octubre de 2016

Coste de oportunidad


Quizás éste sea el término más importante del que nunca nadie ha oído hablar y, sin embargo, determina la mayoría de las acciones que hacemos.
El coste o costo de oportunidad no es más que aquello que renunciamos cuando tomamos una decisión. Los seres humanos nos enfrentamos a disyuntivas (tenemos que elegir entre A o B), por tanto, escoger una opción implica renunciar implícitamente a la otra.

Por ejemplo: las horas que dedicas a trabajar, las podrías dedicar a dormir, a estudiar, al ocio, etc. Sin embargo, ¿por qué decides ir a trabajar en vez de estudiar o no hacer nada? Simple, porque evalúas los beneficios o el valor que te aportará hacer una cosa en comparación con otra. Si trabajar te aporta un mayor valor que ir a estudiar, escogerás ir a trabajar en vez de ir a estudiar y viceversa.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La gran mentira del dinero


¿Qué pasaría si te dijera que cerca del 90% del dinero en circulación no existe? ¿Me creerías? ¿Me tacharías de conspiranoico? Antes de que me juzgues, déjame explicarme:
De todo el dinero físico/tangible que hay en circulación alrededor del globo solo existe un 10%, es decir, el restante (90%) son meros apuntes contables.

Dicho de otra manera, solo un 10% del dinero mundial se puede contar a través de billetes o, en su defecto, monedas. El resto es dinero ficticio, derechos de cobro (activos) en un bloc de notas o en un programa informático.

No, no me he vuelto loco, me baso en un instrumento que utilizan los bancos llamado ‘’coeficiente de caja’’, con el cual, se les permite (legalmente) solo mantener en forma de reservas líquidas el 2% del dinero. El otro 98% (del dinero que ingresamos en el banco) lo utilizan para invertir en negocios o bien para conceder nuevos créditos/préstamos. (Muchos os estaréis preguntando entonces porque he puesto que es un 90% el dinero ficticio y no un 98% siguiendo con la lógica del coeficiente de caja. Bien, es porque he hecho una media ponderada, ya que el coeficiente de caja establecido depende de la zona, región o continente.)

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Iphone (7) y los bienes giffen


En economía existen diferentes tipos de bienes: están los bienes normales, inferiores, sustitutivos, complementarios, y los bienes giffen, entre otros. Recibe este nombre en honor al economista y estadista británico Robert Giffen.

Un ‘’bien normal’’ es aquél bien que aumenta su demanda conforme aumenta nuestra renta. Es decir, si tenemos más poder adquisitivo decidimos consumir más de dicho bien. (Suponemos que los individuos siempre quieren más y no tienen punto de saciación, en jerga económica).

Un ‘’bien inferior’’, al contrario que un bien normal, es aquél que desciende su demanda conforme tenemos más renta. Un claro ejemplo es el transporte público. Al aumentar el ingreso, los individuos tenderían y/u optarían por comprar su propio vehículo.

La variación en la cantidad demandada de los dos primeros tipos de bienes dependen de la variación en la renta, no obstante, la variación en la demanda de los dos siguientes dependen de la variación en los precios.

jueves, 1 de septiembre de 2016

La Buena Suerte (Fernando Trías de Bes y Alex Rovira Celma)


La buena suerte es un best-seller de narrativa empresarial. Es una fábula en donde se desvelan las claves de la buena suerte y la prosperidad tanto para la vida personal como para los negocios.

El libro empieza con el encuentro de dos amigos que no se habían visto por muchos años: Víctor y David. Éstos, viejos ya, proceden a contarse mutuamente como les había ido en la vida:

Los padres de David habían heredado una inmensa fortuna de un pariente lejano, esta fue la razón por la cual se fueron del barrio sin decir nada a nadie y por la cual perdieron la comunicación. Una parte de esa fortuna era en forma de una gran empresa textil que daba muchos beneficios y que su padre había hecho crecer más aún. Al morir éste, él se tuvo que hacer cargo. Las decisiones que tomó o, mejor dicho, la omisión de decisiones lo llevaron a la bancarrota. El mercado iba cambiando y él no innovo en nada, porque creía que su producto era el mejor y que los clientes siempre iban a preferir el suyo. Craso error. Cuando tuvo que tomar las decisiones importantes no supo que hacer. Llegado a este punto, ya no tenía ganas de seguir hablando, así que le preguntó a su amigo como le había ido.

A Víctor, nuestro protagonista (ya que es el hombre quien le contará la fábula posteriormente a su amigo) le habían ido muy bien las cosas. Sin embargo, no lo tuvo fácil. Víctor, al contrario que David, venia de una familia mucho más pobre/humilde/precaria y tuvo que empezar a trabajar desde temprana edad (diez años) en un sinfín de quehaceres con tal de salir adelante. De hecho, a esa misma edad, tuvo que dejar la escuela ya que ni él ni sus padres podían pagarla. Conforme fueron pasando los años, pudo ir ahorrando una cierta cantidad de dinero, hasta que un día decidió comprar un taller (en donde se fabricaban bolsos) que estaba a punto de cerrar. Aquellos mismos bolsos que tantas veces había visto que portaban las señoras ricas por donde trabajó. Sabía lo que a aquellas señoras les gustaba. Solo tenía que fabricarlos conforme los había visto cuando trabaja como mozo. Se dio cuenta de que podía tener suerte, si se lo proponía. Trabajó durante mucho tiempo sin descanso, fines de semana incluidos, con el objetivo de ser la persona que más sabía de bolsos de piel en el mundo. Para ello, preguntaba a las señoras que les gustaba y que les disgustaba de su bolso; se iba de viaje a averiguar las nuevas tendencias de bolsos, etc. Lo que hiciera falta. Al final, consiguió recuperar el dinero invertido y creó un próspero negocio.

David no daba crédito a lo que oía y decía que quizás su amigo había tenido mucha ‘’suerte’’. ‘’La suerte sonríe a quien el destino caprichosamente escoge’’, afirmaba. Ante esto, Víctor le contestó que él no había heredado ninguna fortuna, pero sí algo mucho mejor de su abuelo, saber diferenciar la suerte de la Buena Suerte. Víctor prosiguió diciendo que cuando su familia (de David) había recibido la herencia, tuvo suerte. Pero esa suerte no depende de uno y, por ende, tampoco dura demasiado. Él, en cambio, se había dedicado a crear suerte. La suerte no depende de ti; la Buena Suerte, sí.

PRIMERA REGLA DE LA BUENA SUERTE:

lunes, 15 de agosto de 2016

Felicidad


Hablando la otra vez con mi primo, salió este tema de conversación. Mi primo sostenía que todos somos felices y que la infelicidad no es más que un concepto creado por la sociedad. Es decir, que el ser humano por el propio hecho de ser humano (valga la redundancia) era feliz, ya sea porque tiene vida, movimiento y/o facultad de razonar/pensar/reflexionar. Para él, el fin último de nuestra existencia no era conseguir la felicidad como decían los griegos, ya que, todos ya éramos de por si felices y que el hecho de perseguir esta falsa meta solo nos llevaría a la desdicha porque siempre pensaríamos que la felicidad era algo más, cuando en realidad ya todos éramos felices.

Puede que parezca una idea un poco simplista y superficial, pero creo que a lo que realmente se refería era a que el ser humano era ‘’feliz’’ en el estado/período donde aún no era ‘’civilizado’’, y en donde podríamos decir que era completamente ‘’libre’’, ya que no se encontraba arraigado por unas leyes y normas sociales desde su nacimiento. Si esto fuera así, estaríamos hablando de una estrecha relación positiva entre libertad-felicidad. A mayor libertad, mayor felicidad. Pero, ¿realmente esto es así?

Supongamos que consiguiéramos la libertad absoluta, ésta solo sería posible sin la intervención de un ente regulador (en forma de Estado, legislación, burocracia, o como quieran llamarlo) y sin normas sociales, en donde cada individuo pudiera hacer lo que quisiera y en donde sus actos no tendrían ningún tipo de sanción ni reprimenda social. Todo estaría aceptado y normalizado. ¿Seríamos felices así? O, al menos, ¿seríamos más felices de lo que podemos ser ahora? Si la respuesta es afirmativa, entonces estaríamos diciendo que seríamos felices viviendo como animales y no como personas sociales y civilizadas, como animales porque tampoco podríamos o querríamos reflexionar acerca de nuestros actos y en la repercusión que ellos podrían tener sobre los demás, solo nos guiaríamos por el principio de placer y de nuestros instintos más primarios. Entonces, ¿qué nos distinguiría de los animales?

martes, 2 de agosto de 2016

Un mundo sin espejos



¿Qué pasaría si no existieran los espejos? ¿Qué concepción tendríamos de nosotros mismos? ¿Cómo podríamos saber cómo somos físicamente? ¿Y, cómo influiría este hecho en nuestro comportamiento con nosotros mismos y con los demás?

Hoy en día, estamos plagados todos los días por un bombardeo masivo y constante de estímulos y estereotipos. Estereotipos o lo que está visto como ‘’normal’’ por la sociedad ha existido siempre, pero hoy, quizás se ven incrementados por el desarrollo tecnológico que ocupa gran parte de nuestra vida y experiencia social. Ante esta situación no es difícil que las personas caigan en los prejuicios prestablecidos por la sociedad y en la aceptación de ellos para no ser visto como un ‘’bicho raro’’.

Esta cuestión (la de los espejos), se me vino a la mente hace un par de días y me surgieron estas preguntas que ahora intentaré reflexionar con ustedes. En mi opinión, considero que, si no existieran los espejos, en los cuales uno pudiera verse reflejado, se evitarían algunos trastornos psicológicos como puede ser la anorexia, la bulimia, o el rechazo de uno mismo por no ser como la sociedad te dice que deberías ser. Sin embargo, aquí sale otro dilema, la visión que tendríamos de nosotros mismos dependería única y exclusivamente de lo que los demás nos dirían acerca de cómo somos (físicamente). Es decir, la opinión de la gente nos serviría como guía o dogma para poder saber cómo somos.